Hace ya más de 15 años, según cuenta la leyenda, tras el verano de 2009, nace una curiosa publicación, caprichosa y deslenguada, llamada Yorokobu, que en nipón significa, ni más ni menos, “estar feliz” o “sentir placer”. Poca broma.
Para algunos raritos y renegados como yo, que huimos de la prensa de actualidad, ansiógena y amoral, que nos guiamos más por las estaciones -sí, las de Metro también- que por las tendencias del momento y nos resistimos a ser atrapados por innobles influencers y voraces redes sociales, con nuestra pequeña porción de tiempo como bandera, esta sorprendente publicación, nacida del insomnio y la inspiración -como a mi me gusta imaginar tan brillante acontecimiento- de los genios de Brands & Roses, apareció en escena como un soplo de aire fresco de pura inspiración.
Esta publicación resuena con curiosos, inconformistas, que buscan nuevos caminos, que piensan sin filtros ni censuras, con quienes sienten que el mundo se entiende mejor cuando se observa de lado. Y para ello, esa chispa irreverente que mezcla arte, pensamiento y una pizca de ironía: una suerte de laboratorio nocturno donde lo raro tiene casa y lo profundo, sentido del humor, donde los límites entre arte, filosofía y realidad, se desdibujan con la misma naturalidad con la que uno cambia de canción cuando la vida se pone predecible.
Yorokobu no es solo una publicación, es una mirada aguda, libre de estereotipos, con un estilo inconfundible, que combina estética cuidada, reflexión auténtica y mucho humor, sirve de medio y fin al mismo tiempo, como escaparate, en su inconfundible estilo, para la creación de contenidos propios y ajenos, sin perder ese savoir faire suyo que tiene el poder de cautivarnos. Capitaneada por todo un content lab que diseña campañas y estrategias de comunicación, para marcas que quieren emprender un diálogo real con su público, comunicar, sin ese tono puramente promocional.
Pero además, Yorokobu es también una comunidad de miradas inquietas: artistas, escritores, pensadores y lunáticos lúcidos, sin prisa, pero con propósito, que comparten una sensibilidad fuera de norma, creen en la pausa, en la palabra que respira y en la imagen que habla por sí sola.
Así que, si encuentras un momento, entre salto y salto entre redes sociales y cansinas series de televisión y quieres ver un modo distinto de entender la creatividad, ya sabes, Take a walk on the slow side y date una vuelta por Yorokobu, solo observa, te garantizo que no te arrepentirás.

